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“¡Dios ha muerto!,
y caen como moscas a la sopa
los ángeles al suelo.
¡Dios ha muerto!,
ya no queda esperanza alguna en la confesión dominguera,
tres Ave María y un Padre Nuestro.
¡Dios ha muerto!,
y no hay un cataclismo;
ni una bomba atómica
ni mucho menos cuatro jinetes buscándote expresos…
¡Dios ha muerto!,
Murió el día que nací
a la realidad de mi propio universo,
a mi ritual cotidiano de rezarle
y no escuchar su respuesta sacra, omnipotente…
¡Dios ha muerto!,
con razón no recibo ni fax, ni email;
ni una llamada desde su puto teléfono.”
Yo no creo más que en mi instinto de madre bien parida, la que siente la verdad en el llanto de sus críos y ve más allá de los ojos que se ocultan mirándose los zapatos.
Las sonrisas engañan hijito, los besos engañan hijita.
Me basta escuchar el llanto desgarrado de la que estuvo en mi vientre para desearle al que miente que se le tuerza la lengua.
Me basta escuchar el llanto desgarrado de quien sufrió la maldad pura siendo angelito en mi vientre, para desearle al que lo intente que se le seque hasta la médula.
Y es que aunque el macho diga lo contrario, la hembra sabe cuidar a sus críos, por más lejos que se encuentren. Con dientes y uñas, con fuerza, pero sin rencor que uno sabe que todo se devuelve en esta vida y que hay de todo en la viña del Señor.
No soy la mujer más sabia del mundo, ni lo seré jamás.
La sabiduría me la dan los pasos que anduve, y toda mis caídas.
De andar en tantos caminos cubiertos por la tristeza, de andar en esas calles empolvadas del desencanto el alma se me puso de hierro forjado en llanto.
De caerme y pararme mil y tres mil veces, de saber lo que es mio y defenderlo con uñas y dientes.
Más sabe la madre por madre, porque en las 9 lunas se le puso a flor de piel el instinto; porque de tanto soñar y soñarse sabe cuidar el nido.
Y no es temerle al mundo amor mio, es cuidar lo nuestro, lo tuyo ,lo mio. Esto que nos ha costado tanto y tanto llanto, tanto y tanto amor mío; es cuidar a nuestros críos, al amor mismo, a nuestro nido.
A veces los sueños son solo eso, sueños.
Y aunque parezca que vives en uno del que jamás vas a despertar, basta tan solo la trémula sonrisa del maldito destino; la carcajada irónica que retumba en tu cráneo y te trae de vuelta a la realidad.
De la realidad no se puede escapar. Es como una sombra densa, que pesa en la conciencia y en la espalda; que te llena de tristeza y angustia; flota sobre tu cabeza y te acerca el sol para que no puedas taparlo con un dedo.
Supongo que cuando los astros se alinean a veces nos traen amargas sorpresas, pero como el espíritu es débil, y se esconde en los rincones de un jardín abandonado…. No puede por más que quiera luchar contra esos monstruos.
Mis demonios se han confabulado. Me tendieron una trampa y salieron todos y de una de juerga anoche. Y la tristeza se tomó mi cabeza sentando a la soledad a su lado. Mientras los demonios de mi interno se hacían un festín con lágrimas y vísceras, con lamentos y decepciones.
Me ahogo. Me falta el aire. Me vuelvo toda tristeza, toda soledad, toda llanto.
A veces los sueños son solo eso…. Sueños, que se convierten en pesadillas, que te pesan en la espalda, que te carcomen el alma.
Festín de mis demonios, que danzan entre llantos y lamentos.