
Ellas danzan. Se buscan entre las sombras y recuerdan que siempre han estado ahí.
Se vuelven silencio y sus risas, se repiten cual eco en la habitación pequeña; caen y rebotan las palabras que cuelgan de los ganchos de la ropa, de los alambres de púas, de los postes de alumbrado. caen y se vuelven versos alegres en mitad de una noche triste, que ya se ha vuelto mágica.
Anhelan con desespero la mano cálida y el beso tierno, perdiéndose en la mirada adormilada de quien reposa a su costado.Nada hay que temer, nada hay que juzgar. ¿Quien se atreve a romper el hechizo que yace sobre vuestras cabezas?¿ Quién se permititía si quiera arrebataros en un soplo de viento la magia que emerge del piso?.
Danzan. Siempre han sido seres de luz, que ahora yacen en una dimensión que muchos no pueden entender. Y en sus risas, la esperanza se vuelve tan acogedora como un largo manto de estrellas, que quita el frío y el miedo.
¿Miedo?, esa palabra ya no existe. Se evaporó con el rocío de la mañana que se cuela por las ranuras de la ventana, que da a otro mundo. No existe muralla de concreto que tu presencia no pueda derribar y aún cuando el palacio se hace pequeño, entonamos cánticos alegres para esperar la tarde, y adormecer las tentaciones con una copa de vino.
Ella alza la mirada, se sabe pequeña en un mundo de gigantes y no le importa; porque con paso ligero vuelan las ideas grandes y el corazón se mantiene firme.
Ella toma su laúd, para cantar los sueños de una noche de invierno, buscando respuestas; coronando a los ángeles que salen a su encuentro.
En mitad de un jardín de amarillas hojas y aromas de invierno, cuando el viento sopla y se vuelve compañero eterno de las sombras del diminuto palacio.
Las voces al final del corredor me cuentan, que esto es magia. Que de esto se tratan los veraderos cuentos de hadas.
Una toma el laúd, mientras la otra canta. Una mira por la ventana, en un deseo silente; cuenta una de sus historia. Escucho. Leo. Acaricio. Beso.
Y antes que termine la noche, ya se ha vuelto verso.
Y antes que amanezca se ha vuelto pájaro de fuego.
Y antes que llegue el primer lucero, se ha vuelto semilla en el viento.
Las ninfas duermen, se vuelven ovillo; buscando calor en las hojas de un añoso libro; y el tic tac de las horas lejanas ronca como un ogro adormecido, de tanto amor, de tanta dulzura.
A la ninfa de Pántano alegre, por sus historias y su cariño. Las locuras de esta vida no se volverían en alegrías permanentes si no fuera por ti.
A la angelito de invierno, que siempre me saluda con una cálida sonrisa y un abrazo inmenso.
Algún día veremos el mundo, desde las raíces de un viejo roble. Las quiero.





