miércoles, 16 de diciembre de 2009

Locura


"Película en sepia, quemada por el paso del tiempo.
Un jardín abandonado, cubierto de hojas otoñales, cercado por una reja añosa, que se abre ante nuestra presencia. Chirrido… música de fondo…. Una vieja caja de música donde baila una bailarina coja, canción demente de lo desconocido.
Camino por un sendero pedregoso, el cielo está tristemente nublado, y los árboles muestran sus huesudos esqueletos desnudos de follaje.
Infernal imagen, del salón abandonado y las paredes quebrajadas por el paso del tiempo; espectros que flotan en las escaleras. La caja de música sigue sonando, demenciales sones; manos infantiles sucias de tiempo la toman, carcajada del averno.
Imagen en rápido movimiento. De blanco espectral, se mueve la niña; baja y sube escaleras, se pega en las paredes; desorbitadas las pupilas; sigue sonando la caja de música.
El tronco de los árboles se tuerce; parecen cuerpos decapitados, clamando perdón. Se mueven lentamente las sombras, y el viento sopla eternidades. Giran las hojas secas, no hay reflejo en el agua, negra amargura; la niña se mueve con la bailarina coja en las manos. Carcajada que estremece el alma, enfría los sentidos. Sonrisa moribunda de la niña que da vueltas en el salón abandonado, con sus labios resecos y el vestido de harapos.
Sigue gimiendo la melodía demencial. Giran las paredes de la mansión abandonada. Cuelgan de los pilares de la entrada, las madreselvas secas; enredaderas que cubren el portal.
Zigzaguea el camino, el jardín amarillento de sepia con sus estatuas que lloran sangre y desolación; decapitados los sueños.
Se cierran las rejas a mi encuentro. Rechinan las puertas, sigue girando en mi cabeza la infernal música de la bailarina coja; la niña que sonríe con risa demencial.
Se tuercen los troncos de los árboles, mientras cae la negra noche en el cielo avernal.
No me dejan ir sus frías manos, no me dejan avanzar las raíces que me sostienen de los tobillos.
Todo se vuelve un laberinto. Se cierran las rejas ante mí; de vuelta al salón observo el baile silente de la niña. Gira su vestido de harapos, ríe demencialmente. En la esquina de la habitación se esconde la caja de música, se cubre de polvo.
Afuera sopla el viento, que mueve las hojas del suelo; la noche se ha vuelto negra y la luna llena sale detrás de las madreselvas, de los huesudos esqueletos de los árboles silentes.
Debo quedarme. Debo quedarme. Silencio.
Sé que no volveré a ver la luz del esquivo sol."

Basado en el tema creado por mi amigo y compadre Maximiliano Díaz. Gracias, porque al escuchar tu melodía mi imaginación voló, y como te lo narré esa madrugada, comencé a escribir. No fue difícil imaginar a la niña en harapos blancos, la caja de música escondida; la mansión abandonada.

A mi amigo Maxi...gracias por entender mi oscuridad. Te quiero.

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