lunes, 12 de enero de 2009

La Fragilidad de la nostalgia


A la deriva de toda esperanza, en mitad de la nada, con los bolsillos y los sueños rotos, trato de no volver a pensar en la situación misma. Como dice un buen amigo mío “Había olvidado la comodidad de sentirme triste”, …pero esta gente me hizo recordar lo frágil que soy en lo interno.
La maldita melancolía de poeta de oscuro bar, en búsqueda tal vez de lo que no existe, mendigando el amor por los rincones, con los sueños hecho trizas, y el corazón..el puto corazón adolorido…
“Tu y yo somos tan semejantes que eso es lo que me detiene a amarte”, me dijo una vez alguien…ser igual a ¿?...lo dudo. Salgo de todo convencionalismo en los que no me siento cómoda y por ser tan yo es que el destino de mierda me juega una mala pasada.
“ Na!, déjate ser y déjate estar”, me grita el subconsciente, inconsciente ya de tanto llorar…no es mi estilo llorar en público, es un mal hábito, tan necesario como gritar las ironías que sufre el alma…pero en este afán de poeta maldito, incomprendido por el mundo, que prefiere sentarse en plena noche a escuchar los grillos y hacerle el amor a una copa de vino… en este afán, las lágrimas son agua de carmelitas contra todos los males conocidos. ¡Y qué mierda le importa al mundo si lloro con todo!, “Llorar la digestión, llorar la lágrima viva…llorar desde dentro”, como dice Benedetti, llorarlo todo, exorcizarse de los deseos tristes, de los amaneceres solos y las noches de locura caminando entre callejones, sin más compañía que un pulgoso gato de muelle… o tal vez de cementerio…
Y comprendí, porque así me lo hicieron conocer, con amor, con la paciencia que da la diferencia, que ya no debo preguntar el por qué, sino el para qué…. Y anoche, en ese frescor de la noche de verano, a mitad de ese parque iluminado, a la luz de las confesiones dolorosas y la cerveza negra, me sentí en paz conmigo misma, descubrí la capacidad infinita de amarse en la melancolía, de reírme de la desgracia y esperar al infortunio con traje de gala. La fragilidad de la nostalgia, que no es una maldición sino una bendición enorme, me enseñó que ser más humanos es marcar la diferencia misma. Y así como bendigo la nostalgia que me acompaña, bendigo a aquellos que de mi hacen una caricatura bizarra, o tal vez hablan a mis espaldas a ciencia cierta de la envidia que los corroe.
Esta es la fragilidad de la nostalgia, la melancolía de poeta trasnochado, ebrio de deseos de amar, y saciado de la lujuria de una copa de vino… en el fragor de lo prohibido, de las caricias que se lleva el viento…y el recuerdo añoso de las horas lejanas.

domingo, 11 de enero de 2009

A la hora de amar


Hacer el amor. Besos, caricias y sonrisas en pleno. Pienso en hacer el amor. Siempre se ha dicho que no es lo mismo hacer el amor que tener sexo...y en eso no cabe ninguna duda. Y es que somos animales instintivos, muy pensantes y muy sensibles, pero instintivos al fin y al cabo. Y cuando la sangre hierve, no queda más que dar rienda suelta a los instintos. Pero hacer el amor es otra cosa.
Perderse en la mirada del otro, porque no solo se hace el amor con el acto mismo; desde que caes en la mirada del otro, y ya no existe más música que los latidos acelerados, cuando gira el universo a más de mil revoluciones por minutos.. y solo deseas sentir su piel, su aroma, quedarte en el silencio de las pulsaciones palmo a palmo…. Hacer el amor.
Es que cuando haces el amor, no lo haces sólo con el deseo sexual de llegar a un exquisito orgasmo, sino que lo haces con todos tus sentidos, con la piel, con la vista, con tu lengua, con tus oídos… con los besos, las caricias, los latidos sordos, las ganas, los aromas…, pero también lo haces con el pensamiento. ¿Cómo haces el amor con el pensamiento?, no hay cosa que me gustaría más que a la hora de amar me susurraran un poema al cuello, recorriendo mi espalda en cada punto y coma, con voz tenue, con voz adormilada y mascar cada palabra para desear aún más las ganas de hacer el amor. Y no es romanticismo barato, no señoras y señores, es la manera de hacer el amor mía, muchas velas, muchos aromas, música y poemas… entregarse a la fiesta de los sentidos, porque hacer el amor es como crear una melodía debe ir in crecendo, disfrutándose en las negras, las corcheas, las fugas, los silencios… acariciando y mordiendo las fusas, mascando las sílabas del poema escogido. Hacer el amor no con la genitalidad de nuestros instintos, sino con la franqueza de nuestros sentidos, entregándose, dando rienda suelta a todas nuestras perversiones con la magia de la ternura, porque soy capaz de ser un algodón de azúcar y ser tu personal psyco, y entregarme…sin pensar en la hora.
A la hora de amar en pleno, el tiempo es relativo, no importa… se olvida. Y me traslado sólo a la dimensión de mis sentidos. En esta comodidad de perderme en esa mirada y desear escudriñar cada secreto de esa piel…